Los microorganismos marinos colonizan la superficie de los cascos de barcos o de cualquiera otra estructura sumergida. La colonización empieza en los minutos que siguen la inmersión, cuando se cuelgan organismos microscópicos.
En esta capa microscópica se van a colgar organismos marinos cada vez más grandes, para acabarse con mejillones, algas y de concreciones calcáreas.
En unas semanas la superficie sumergida puede estar revestida de una verdadera alfombra vegetal. Para neutralizar estos microorganismos, los ingleses utilizaron láminas de cobre a partir del siglo 17. Los cascos de barcos estaban revestidos de una capa metálica de cobre.
Esta funda de cobre confería calidades antiincrustantes durante 15 a 20 años. Luego la expansión de la industria petroquímica en el siglo 19 permitió utilizar pinturas más fáciles de aplicar. Las pinturas contenían una gran cantidad de metales pesados, y con las restricciones reglamentarias, fueron cambiadas por biócidos a partir de los sesenta.
Estas moléculas fungicidas o herbicidas se utilizan hoy en día, pero su impacto ecológico es significativo y nuevas restricciones reglamentarias son previsibles.
Oceoprotec repite la idea sencilla y eficaz del cobre, pero en lugar de metalizar los cascos por encoladura o por fijación de las láminas, se pulveriza cobre en forma de una pasta polímero-metálica con una máquina especial que lo aplica de manera homogénea y lisa.
Esta aplicación es muy técnica, por lo que sólo profesionales capacitados pueden proveer el procedimiento Oceoprotec.